martes, 6 de abril de 2010

"Compañera de mi alma" por Silvia Roxana Leys







Había una vez un águila dispuesto a volar siempre hacia la cúspide. Sus alas desplegadas en el viento expresaban majestuosamente su existencia imponente. Era él y el horizonte en procura de la esperanza que coronaba su sueño.
Un día vio desde el cielo la seducción de su gusto y focalizó su visión para tomar impulso. Sus sentidos fueron presos del deseo, además olvidó la razón de un vuelo seguro. Arriba observó cautivado un manjar tan suculento, que sólo en su corazón estaba la idea fija, él y su cometido. No se detuvo a pensar en las coordenadas lógicas de la materia, el espacio y el tiempo…De la misma manera no previó causas, efectos a posteriori. Antes bien, su cuerpo saboreaba anticipadamente la ansiada presa…Por eso, sin perder más tiempo se lanzó como un rayo en dirección al suelo.
¿Qué sería aquello que reclamaba su suerte? ¿Acaso sería lo que tanto anhelaba?...Si no lo probaba no lo sabría…
Por lo dicho anteriormente se halló frente a lo que era tan oportuno. Abrió su pico, lo llevó a ser presa para saborear el primer bocado, y luego degustando un sabor tan exquisito, no pudo dejarlo de lado…Todo propiciaba a seguir insistiendo. Así fue como suspendido en un tiempo complicado, y un espacio que no le favorecía, supo de un regocijo tan individual que quedó inmerso en un vacío existencial de la sola materia.
-¡Qué rica está la carroña! Se decía a sí mismo…Tan rica y sabrosa estaba que no se detuvo a ver su suelo. El águila había caído por su deseo. ¡Estaba en el hielo! No vio donde se apoyaba, como tampoco se dio cuenta que nevaba, y menos aún que era invierno…
-¡Qué rica está la carroña! Seguía diciendo, y una y otra vez su pico hundía para hallar placer, olvidando el suelo…Poco a poco, sin detenerse a ver la realidad, sus patas se iban hundiendo y su libertad perdiendo.
-¡Qué rica está la carroña! Exclamaba solo al viento, sin atisbar que ya era tarde para levantar vuelo. ¡Cuándo se dio cuenta! Había comido tanta carroña que le era imposible volar por el cielo, y tristemente lloró sin consuelo…Creía que ya era imposible. Movía sus alas, lo intentaba una y otra vez atrapado en su hielo, sin ningún resultado. ¡Era inútil! Además, la carroña se le había acabado.
-¿Por qué?... ¿Por qué?... ¿Por qué?...Se preguntaba a sí mismo sin poderse mover un milímetro del suelo. Empecinado en su presente no se daba cuenta que todo tiene un para qué…Se otorgaba un gran fracaso, tan absoluto y definitivo, que se llenaba de culpas más allá de su propia especie. Dios lo había creado águila y debía reconocerse tal cual era. ¿Para qué lamentarse por lo que no podría ser jamás? ¿No es natural que al águila le guste la carroña? ¿Por qué ocultar la realidad? Pero el animal seguía llorando la pérdida de su libertad y culpándose por su actual situación, sufría irremediablemente. Fue entonces cuando sucedió algo tan improbable como el sentimiento de un hombre. El llanto del águila llamó a la dulce mariposa, la cual había llegado a la cúspide de su sueño. Ella se posó sobre la luna plateada, amiga y compañera de sus hechos, y rogó con singular ternura a través de palabras llenas de miel…
-¡Quítame las alas! ¡Quítame la vida! Pero… ¡No dejes que se muera el águila! Sin embargo la luna no hizo nada, y le dijo:
-La luna no puede, la luna es luna… ¡Yo soy luna!
La mariposa agitó sus alas, lloró en el viento y se fue corriendo a esconder su pena. ¡Qué dolor! ¡Qué pena tan grande! ¡Tanta empatía suelta! ¿Qué hacer? ¿Dónde ir? ¡El águila iba a morir!...
Luego en un rincón, la mariposa rogó y rogó al autor de la vida, la luz y el amor. Simultáneamente el autor del sol, la luna y las estrellas llamó a todas las lumbreras con el fin de reunirlas por su mariposa amada, y sucedió lo inesperado para la razón, porque el amor vence más allá del pensamiento…
Las lumbreras alumbraron al unísono todas unidas la cruel escena del águila cansado, y se derritió el hielo tan rápido que prontamente fue liberado.
¡Qué alegría! ¡Qué gozo sin igual! El águila podía nuevamente volar.


¡Qué alegría! ¡Qué gozo sin igual! La mariposa lo vino a buscar…y desde entonces, día a día se ven dos almas seducidas por el amor y la fe, volando hacia la cúspide de sus sueños, el bien.
Fin
Flor Silvestre
(Seudónimo)

Hay un antiguo adagio que dice:
“Para dirigirte a ti mismo, usa tu cabeza; para dirigir a otros, usa tu corazón.”
Relaciones interpersonales: 1° CORAZÓN, 2°CABEZA.
“Dios nos acepta por lo que hacemos, y no sólo por lo que creemos”
Santiago 2:24
El amor nunca deja de ser… 1° Corintios 13

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